Abril: la antesala a la dormancia y su importancia para un correcto letargo invernal

Abril: la antesala a la dormancia y su importancia para un correcto letargo invernal

Es abril el mes más importante en la transición de los huertos de cerezos a la dormancia, sin embargo la primera señal que reciben las plantas para prepararse para este letargo invernal ocurre varios meses antes, específicamente en diciembre con el inicio del verano y el acortamiento del fotoperiodo.

“El último día de la primavera es el día más largo del año y a partir del primer día del verano el fotoperiodo se empieza a acortar y esa señal es una señal primaria y muy importante para que la planta entienda que en algún momento, en los próximos 3 o 4 meses, va a tener que entrar a la etapa de latencia y tiene que tener estructuras formadas y completamente lignificadas, y esta señal se asocia a un concepto fisiológico que se llama tolerancia al frío y claramente coincide con algunos aspectos fisiológicos y fenológicos en la especie”, señala Carlos Tapia, Asesor especialista en producción de cerezos y Director Técnico de Avium.

El acortamiento del fotoperiodo está en torno a los 70 días después de plena flor, con relación al acortamiento del largo del dia según el solsticio de verano, y coincide perfectamente con el cese del crecimiento de los brotes anuales (desarrollo vegetativo anual), y el inicio de la inducción de flores del año siguiente. Dicha inducción es un proceso bioquímico en que una yema vegetativa recibe una señal que le permite, en base a algunas determinaciones posteriores, transformarse en yema floral sin tener aún cambios morfológicos.

¿Pero, qué es lo que deberían mostrar los huertos de cerezos durante esta época del año? Además de un importante porcentaje de hoja caída (hoja amarilla = hoja caída), que idealmente alcance al menos el 50 por ciento al 1 de mayo, los centros frutales deberían mostrar dardos y bases de ramillas muy cerradas, muy bien lignificadas,  con sus brácteas muy bien formadas o, en el peor de los casos, con algún esbozo de punta verde que se deja ver en esta época, pero que no representa mayor problema. 

¿Qué es lo que nonos gustaría ver en esta época? dardos abiertos o yemas verdes de un buen porcentaje de punta verde o casi a punto de abrir, que eso no sólo presenta una problemática desde el punto de vista del potencial de producción que se podría perder en base a algunas heladas tempranas, sino también desde el punto de vista fitosanitario y no quiero centrarme sólo en el cáncer bacterial, sino también en algunos hongos de madera que están presentes y que nosotros en el mundo cerecero no estábamos acostumbrados a ver ni detectar; uno de ellos es Cytospora que durante el último tiempo ha estado más presente en los campos, sobre todo en zonas más frías y sureñas y que está muy bien explicado en el artículo de Héctor García titulado “¿Por qué se mueren nuestra plantas de cerezos?”,  expresa Tapia.  

En esta época del año es necesario fijarse objetivos y lo principal es tratar de que la dormancia fisiológica en las plantas de cerezos empiece a aparecer de forma natural. 

¿Cómo detectamos la dormancia fisiológica? Es el momento en que la planta cruza la línea del 50 por ciento de la caída de hoja, considerando siempre hoja amarilla como hoja caída, y que de alguna forma nos marca y nos dice que la planta está durmiendo, no profundamente aún porque las fases de la dormancia son distintas, pero que ya entró a una franca época de latencia o dormancia. Considerar que esta etapa es la condición del otoño, y en ningún caso una defoliación temprana por otros efectos representaría este estado”, indica Carlos Tapia.

Sin embargo, puede ocurrir que los huertos aún se muestren muy verdes en términos de color de hoja y de expresión vegetativa, aunque no necesariamente creciendo, y que puede deberse a diversas motivos, desde no haberle entregado una correcta señal a las plantas en términos de nutrición hasta muy tarde en la temporada, suspensión del riego, jornadas muy cálidas para la época, entre otros.

En estos casos, es necesario tomar decisiones e invitar a las plantas a que boten las hojas, lamentablemente, no de forma natural

“En ese caso se hace presente una de las prácticas que estamos más acostumbrados a hacer que es la aplicación mediante el modelo de  la intoxicación de Sulfato, que en el caso más clásico es Sulfato de Zinc en mezcla con urea; este mix hace que en conjunto el Sulfato genere el efecto de la intoxicación y la úrea, por su parte, potencia la descomposición de la hoja y de esa manera la hoja comienza a otoñar, no naturalmente, pero cumpliendo con lo que queremos”, indica Carlos Tapia. 

Es entre el 15 y 20 de abril el momento oportuno para analizar y tomar decisiones al respecto, considerando que lo ideal es que el inicio de la dormancia  coincida con la primera semana de mayo, donde climáticamente se pueden contabilizar las horas de frío que son útiles para las plantas; claro que éstas serán útiles sólo si los huertos iniciaron esta dormancia fisiológica, es decir cruzaron la línea del 50 por ciento de hoja caída, que marca la entrada al letargo invernal. 

¿Qué viene tras las entrada en dormancia?

Una vez que las plantas inicien su dormancia fisiológica, ya sea de manera natural o artificial, se deben tomar en cuenta otros aspectos fundamentales para los huertos de cerezos. 

“De ahí para adelante mi preocupación va en dos vías: uno es el manejo de programas fitosanitarios de otoño-invierno, la utilización de productos en base a fungicidas, agentes cúpricos y/o biológicos. Se hacen partícipe en la primera etapa cubriendo todas las heridas naturales que se producen en función de la caída de hoja, por lo tanto tenemos dos o tres aplicaciones que tenemos que hacer en la medida que avance el porcentaje de caída de hojas, y después  mediante algún tipo de programa riguroso pensando en pasar el invierno” señala Carlos Tapia, Asesor especialista en producción de cerezos y Director Técnico de Avium.

Por otra parte, es necesario entender que si bien las plantas entrarán en un periodo de latencia, no están muertas, sino que en una etapa en que su metabolismo es prácticamente cero, no sólo vegetativo, sino también desde el punto de vista del crecimiento de raíces. 

“Tenemos antecedentes sumamente estudiados que bajo 7ºC de temperatura de suelo las raíces no tienen un desarrollo importante, casi nulo, entre 7ºC y 14-15ºC las raíces generan un leve movimiento, pero ya por sobre 15ºC de temperatura de suelo las raíces generan o se desarrollan en términos de crecimiento aceleradamente, por lo tanto si bien las raíces en invierno no están activas, están vivas; uno de los aspectos importantes en la mantención de estas estructuras, es que las raíces no se pueden secar”, advierte el Asesor especialista en producción de cerezos.

Lamentablemente la sequía que vive el país hace más de una década ha provocado inviernos muchos más secos, con menos pluviometría, por lo cual muchas veces se debe tomar la decisión de volver a regar en época invernal.

“Mi propuesta en términos súper extremos, y me pongo en el peor de los casos en que no va llover en invierno o va llover muy poco, es que tenemos que plantearnos un modelo de mantención de humedad de suelo para evitar, principalmente, que las raíces que se generaron en la etapa de postcosecha recién pasada, en enero y febrero particularmente, no se deshidraten y no mueran”, agrega Tapia. 

Esta gran cantidad de nuevas estructuras radiculares son muy finas y en general contienen gran parte de las reservas nitrogenadas de la última postcosecha y son las más efectivas y eficientes en absorber agua y nutrientes en la primera etapa; sin embargo, son las más delgadas y tienen mayor poder de deshidratación. 

“¿Cuánto tenemos que regar en invierno frente a una catástrofe climática de ausencia de lluvias? nada está muy estudiado, pero desde mi punto de vista creo que tenemos que tratar de mantener una cierta humedad de suelo desde el punto de vista de la sobrevivencia, y me hace sentido una tasa de recuperación de 1 mm por día o  30 mm mensuales como mínimo; esto en la medida que mediante algún modelo de búsqueda de información, calicatas, sensores o la mezcla de ambos, podamos establecer que tenemos una humedad de suelo que si bien no es tan aprovechable por la planta, sí permite mantener la condición hídrica de estas raíces y evitar la deshidratación”, explica Carlos Tapia. 

Es fundamental monitorear, prever, analizar y ver las posibilidades de retomar el riego que existe en cada huerto. 

Se debe tener en cuenta que no sólo es importante la cantidad de agua que se incorpore, sino también la distribución de ésta. 

“Ya fines de invierno hay que plantarse, en función de lo que pase, si hubo muy poca pluviometría, de alguna forma debemos terminar la estación con un riego largo privilegiando, más que la cantidad de agua en el suelo, la distribución de agua en el perfil,  simulando el efecto de una gran lluvia”, recomienda Carlos Tapia.

En temporadas pasadas, específicamente en 2019, se generó importante información respecto de que se estaba pasando por un año de bajo calibre; esto se presentó principalmente en variedades Bing, Royal Dawn y Santina, pero en zonas específicas. Precisamente donde se levantó mayor información de una curva más baja de calibre en relación a años anteriores o al promedio, fueron sectores que tuvieron 100 a 150 mm menos de pluviometría que el año anterior o respecto del promedio de los últimos 10 años. 

“Definitivamente la deshidratación o la baja pluviometría afectó la deshidratación y esto tuvo efectos no necesariamente en la producción, pero sí en calibre; para no pasar  nuevamente por una situación similar, tenemos que entender que en ante una baja pluviometría, debemos asegurarnos de mantener los índices de humedad mínimos para que estas raíces no se deshidraten”,concluye Carlos Tapia, Director Técnico de Avium. 

De aquí en adelante el objetivo inmediato es buscar y encontrar la dormancia fisiológica de las plantas de cerezos; una vez iniciada esa dormancia, llevar a cabo un completo programa fitosanitario, además de ver y verificar cuál es el modelo de seguimiento de humedad de suelo. Esto con el fin de responder adecuadamente a una necesidad frente a un posible  nuevo invierno bajo en pluviometría y evitar que la escasez hídrica afecte la siguiente temporada de cerezas. 

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