“El problema no eres tú, soy yo”. Lapins, la verdadera historia

“El problema no eres tú, soy yo”. Lapins, la verdadera historia

Por Carlos J. Tapia T. Ing. Agrónomo M. Sc. Director Técnico Avium.

“El problema no eres tú, soy yo”. Casi como un conflicto marital, digno de una serie de televisión, es el escenario que hoy enfrentamos con la variedad Lapins después de haber pasado la reciente temporada de cerezas, probablemente, la más difícil de nuestra historia como productores y exportadores.

Con los resultados comerciales ya a la vista, en la gran mayoría de los casos existe polémica de qué es lo que nos depara el destino como productores y exportadores de Lapins, tan preciada variedad en los últimos 15 años de historia productiva. De origen canadiense desde la estación experimental de Summerland, se obtiene desde el cruce de Stella y Van, registrándose como año de obtención por allá en 1983.

De floración temprana, con la conformación genética en alelos S1-S4’, confiriéndole esté ultimo alelo (S4’) el don de ser autofértil y dador universal de polen compatible genéticamente con todas las variedades. No así en el grupo de época de floración.

De cosecha de media estación y con características de adaptarse a distintas zonas agroclimáticas. Su amplia adaptabilidad a los distintos sitios y la compatibilidad con diferentes portainjertos, ha sido resultado de que productivamente nunca es una variedad que nos deje “al debe”, incluso en plantaciones más antiguas a densidades bajas (<800-900 plantas/ha).

De bajo/medio requerimiento de frío (< 600 HF en base a 7,2ºC según muchos autores). Planta de hábito de crecimiento vigoroso, árbol fácil de construir, buena respuesta a los distintos métodos de ramificación y buena “relación de amistad” con los distintos sistemas de conducción ofrecidos, sobretodo en el último tiempo.

Su condición de autofertilidad, acompañada de un gran potencial de cuaja (considerando que ser autofértil no es sinónimo directo a alta cuaja), y su conformación de estructuras de madera y protección de yemas con brácteas
fuertes y bien formadas, la hacen una variedad bastante tolerante a eventos de heladas de invierno y de inicio de temporada, desde yema hinchada a caída de pétalos.

Con buen desempeño en tamaño de fruta, se caracteriza por tener una distribución de calibres hacia las categorías de mayor tamaño cuando la planta tiene un equilibrio reproductivo/vegetativo óptimo y en colores de cubrimiento rojo caoba y caoba oscuro. Buen dulzor, generalmente por sobre los 18º ºBrix en sólidos solubles, buena materia seca, considerando que el límite bajo para este tipo de variedades debiera ser >18%.

En eventos de lluvias previo a cosecha, claramente considerando el contenido de azúcar y el tamaño de frutos, se ha mostrado bastante tolerante (nunca resistente) a las partiduras. No se caracteriza por ser una variedad sensible a enfermedades fungosas que afecten a los frutos con manejos técnicos adecuados.

Si bien para muchos parece ser una característica menor, la apariencia del pedúnculo es buena, no presenta alteraciones en el desde el punto de vista de desórdenes fisiológicos, de tamaño medio, de buena contextura, nunca delgado y de buen anclaje con la fruta, no caracterizándose por ser una variedad que lo desprenda fácilmente, excepto en situaciones de extrema sobre madurez.

Después de este resumen de sus características, ¿cuál es entonces el problema?

Si hacemos un poco de historia, las primeras hectáreas de esta variedad en Chile fueron plantadas a principios del año 2000, quizás incluso pueda y pudieron existir algo de superficie anterior a esto. Poco a poco, fue ganando espacio entre los productores de la zona central, en distintas micro-zonas climáticas, desde valles mas tempranos a sectores más fríos y más tardíos, ofertando fruta de buena calidad en Chile desde aproximadamente el 25 de noviembre al 20-25 de diciembre.

Hacia entrada la última década, después del 2010, ya sus características antes detalladas estaban en evidencia y había material vegetal de sobra para poder multiplicar la variedad por parte de los viveros, considerando además que ya no era una variedad protegida por su obtentor y se podría plantar sin compromisos comerciales con nadie. Sin duda se transformó en la variedad mas plantada en pocos años.

Ya en el año 2020 se estima (fuente personal) que Chile tiene plantado al menos unas 55 mil hectáreas de cerezo que se extienden desde la IV región hasta Chile Chico e incluso Coyhaique. De esta superficie se podría estimar que, al menos, el 50% de la superficie se distribuye en variedades como Santina, Lapins y Regina, siendo Lapins aún la protagonista.

La temporada que recién pasó, vivimos un evento productivo que al parecer ya comienza a transformarse en un ciclo en donde reconocemos altas productividades cada 3 temporadas. Ya sucedió el 2014, 2017 y 2020, sin embargo en diferentes magnitudes de producción según nuestra historia.

Considerar que las producciones a nivel país en estos años fueron 6.800 kg/ha, 8.700 kg/ha y 9.500 kg/ha respectivamente, considerando sólo la superficie mayor a 4 años (fuente personal). Pero, ¿la variedad, según sus características, tiene o debe asumir la real responsabilidad del resultado comercial esta ultima temporada? Mi respuesta definitiva es ¡no!

¿Por qué responsabilizar de estos resultados a la variedad que probablemente ha sido la más exitosa, regular en producción y consistencia en otros parámetros en los últimas 10 temporadas (al menos) en Chile? ¿Donde está el ajuste de la industria aquí?

Mi análisis personal va en dos frentes: A) Alta productividad y manejos inadecuados de regulación de carga, nutrición y manejos que determinan mala calidad y condición de fruta; B) Ajustada capacidad de proceso por disponibilidad de líneas de embalaje en la época peak de cosecha.

¿Es entonces esta última problemática la responsable? Mi respuesta definitiva también es ¡no!

La capacidad de proceso en Chile no puede evolucionar en términos de inversión para poder consumir el gran volumen de Lapins (y además de otras variedades cercanas en tiempo de cosecha) en las dos semanas peak de cosecha en Chile, correspondiente a la segunda, tercera y quizá parte de la cuarta semana de diciembre. Creo más que es nuestra responsabilidad en el campo, con manejos agronómicos adecuados de poder llegar con un muy buen producto a todos los procesos posteriores, industriales y comerciales.

Si hacemos un resumen técnico, hemos propuesto anteriormente poder llevar a cabo una estrategia que permita encontrar el potencial productivo, definido como la maximización de la producción en combinación con la mejor calidad/condición de fruto.

Considérese que la búsqueda de este potencial productivo es la gran interrogante permanente a la que nos vemos enfrentados todas las temporadas. Tener en cuenta que este potencial productivo es puro de cada situación y que está determinado por innumerables factores, tales como tipo de suelo, preparación previo a la plantación, calidad y tipo de planta, manejos culturales en la etapa de formación, diseño programación del riego, nutrición, entre otros.

Todos estos factores pueden determinar este potencial, que en algunos casos puede superar los 20 mil kilos por hectárea, pero en otros con suerte supera, o debiera superar, los 8 a 10 mil kilos por hectárea. Creo personalmente que ahí estamos “al debe” en la lectura de los diferentes proyectos en cuanto a este indicador muy importante que puede influir en toda la cadena productiva, industrial y comercial.


¿Cuáles serían los requisitos para esto?. La siguiente figura resume la estrategia técnico/comercial.

Figura 1. Balance técnico/comercial del potencial productivo de la cereza chilena de exportación. (Fuente: C. Tapia, 2021)

Más información en: https://www.smartcherry.cl/noticias/video-webinar-amecological-parte-ii/

Una buena lectura y estrategia de regulación de carga temprana, considerando el historial del huerto, con el objetivo en producir fruta “súper jumbo up”, o concentrada por sobre los 28 mm. de diámetro, puede lograr maximizar la producción en términos de distribución de calibres, además de mejorar orgánicamente la composición nutricional y de calidad de esta fruta. Por su parte, esto sin duda va a asociado a costos más acotados, considerando que al menos el 60% de estos se asocian directamente a la labor de cosecha.

Claramente hay otros factores que influyen en la anterior ecuación como son: riego, nutrición , control de plagas y enfermedades, etc., que tienen un impacto sobre el resultado en combinación con aquello. Si bien lo anterior ya se podría ir transformando en una “frase cliché”, no deja de ser verdad para considerar sin distinción en cualquier situación varietal, pero claramente se hace mucho más potente su propuesta cuando se trata de una variedad segura de producir, con las características antes detalladas, y sobre el escenario de la superficie y curva de producción con respecto a la oferta semanal y el peak de cosecha y procesos.

Sin duda, hoy enfrentar “lo malo” de una variedad como Lapins que ha sido noble en términos productivos, “amigable con el usuario”, “friendly” y todos los adjetivos que se le asocia, es injusto cuando desde el campo no hemos planteado de mejor forma los manejos básicos para poder alcanzar o lograr el potencial productivo en cada caso.

Tener en cuenta este análisis con la evolución que vendrá a partir de esta temporada para “desviar” la superficie propuesta para Lapins en otras variedades de los extremos: Santina y Regina… Entonces, ¿el problema es varietal?

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