En busca del balance nutricional vs. calidad de fruta en cerezos

En busca del balance nutricional vs. calidad de fruta en cerezos

Por: Valeria Lepe, Ing. Agrónoma Mg. Sc. Especialista en nutrición de cultivos frutales – Gonzalo Pezoa, Ing. Agrónomo Jefe Técnico Exportadora MAGNA Grupo Miguel Vial – Carlos Tapia, Ing. Agrónomo M. Sc. Especialista en producción de cerezas.

La nutrición mineral balanceada juega un rol relevante en un adecuado desarrollo vegetativo de los árboles, tanto en la etapa de formación como en el ciclo de producción de fruta. 

En árboles en producción, ese adecuado desarrollo vegetativo debe traducirse en fruta suficientemente equilibrada para que le permita una vida de postcosecha en óptimas condiciones. Dado, que ¡La calidad de la fruta se produce en el huerto!, ya que una vez en el packing se mantiene o eventualmente podría sufrir deterioros.

En las condiciones actuales de producción, se requiere de un enfoque integral del huerto, interpretando la mayor cantidad de variables productivas para que nos permitan ajustar los programas nutricionales para su uso de forma racional y ajustado a cada realidad productiva, considerando los múltiples factores que están en juego en esta especie.

Enfocar la nutrición en un concepto programa resulta de suma importancia, pues de esta forma cada temporada le podemos pedir un mejor desempeño productivo al huerto, en la medida que incorporemos todos los nutrientes que sean necesarios en función de la demanda de los diferentes componentes del árbol. La nutrición frutal tiene que ser un traje hecho a la medida, pues cada huerto tiene sus propias particularidades, “¡la talla única, no aplica!”.

Entre las principales consideraciones para el establecimiento de un adecuado programa nutricional figuran aspectos como: variedad, portainjerto, densidad de plantación, edad de los árboles, historial de producción, estimación de rendimientos para el ciclo en el que se está planificando la fertilización, reciclaje de nutrientes, sistemas de riego (fertirrigación), limitantes de drenaje de suelo, necesidad de riego/frecuencia de riego (que podría condicionar las parcialidades que se considerarían en el programa de fertirrigación), análisis de suelo, análisis foliares, análisis de frutos y cuantificación de la expresión vegetativa del huerto (índice de vigor). 

En ese mismo concepto de aspectos relevantes para el establecimiento del programa nutricional, es importante acostumbrarnos a construir historial de analítica nutricional de los diferentes cuarteles, en términos de suelo, foliar y fruta, que nos permitan optimizar las decisiones nutricionales.  

Bases para tomar en cuenta en la analítica nutricional

En el caso de los análisis de suelo, es ideal actualizar la información cada 3 años, y como máximo la vigencia debería ser 5 años, dado que los sistemas productivos actuales son mucho más intensivos y altamente extractivos; de lo contrario, estamos mirando una información que quizá ya no representa la realidad actual del suelo. 

El momento ideal para la toma de muestras de suelo debería ser a salidas de invierno: julio-agosto, en huertos en plena producción, para que sea el punto de partida del nuevo ciclo de fertilización de primavera. El procedimiento perfecto no existe, pero es importante contar con una metodología que nos permita hacer comparaciones a través de las temporadas y analizar los valores a la luz de los manejos que se realizaron durante ese período (de ahí la relevancia de fijar un momento de muestreo). 

Algunas situaciones especiales podrían requerir el monitoreo de los niveles nutricionales de suelo a través de la temporada, por ejemplo: julio-agosto; diciembre-enero; marzo-abril, con la finalidad de entender algunos procesos que podrían estar produciéndose a nivel de suelo y que se relacionan con el comportamiento productivo que estamos observando en los árboles (por ejemplo, mineralización tardía, modificaciones en el pH, C.E. etc.).  

Un caso de importancia se puede revelar en la zona sur de Chile y en donde el pH en muchos casos es el protagonista en términos de niveles bajo la suficiencia. Esto genera una brecha muy grande entre la CIC y la SB, producto a la gran participación del H+ y Al+.

De ahí que siempre es importante enfrentar los cationes (Ca, Mg, K y Na) por sobre la SB y no con la CIC para que sea una comparación efectiva.

Respecto de los análisis foliares, la idea es realizar su recolección en torno a 110 – 125 ddpf, con la finalidad de que dicha información resulte útil en las mejoras del programa foliar de postcosecha verano y en la planificación del próximo ciclo productivo. El momento de recolección está referido a que los nutrientes deben estar estables en la planta para que sea una lectura efectiva. 

En términos de fechas, debiera ser suficiente poder tomar las muestras foliares después del 25 de diciembre. 

Por su parte, los análisis de frutos a cosecha tienen por objetivo dimensionar la calidad del plan nutricional que se ha implementado, tanto vía suelo como foliar, entre preflor a cosecha y de este modo optimizar los manejos de la próxima temporada productiva. La información generada permite asociar todo lo que se implementó a nivel de huerto con la potencialidad de la fruta en almacenaje, en función del balance que se logró alcanzar.

Índice de vigor: “La caja de cambios” del programa nutricional

Un indicador que nos ha permitido seguir optimizando el aporte de nutrientes es la determinación de índice de vigor a nivel de cada cuartel y en función de las variedades principales. Este indicador ha resultado de gran utilidad para segregar el comportamiento del crecimiento vegetativo de los diferentes cuarteles y/o huertos y de este modo establecer un plan de fertilización más acotado a las necesidades de cada condición.

Tener en consideración que la definición correcta de “vigor” es el desarrollo vegetativo dentro de la temporada de crecimiento, reconocido en la práctica como la evolución del brote anual. No confundir con el tamaño de los árboles, ya que se pueden reconocer árboles de gran envergadura, pero poco vigorosos porque el desarrollo anual es deficiente, y viceversa.

Para el índice de vigor, se ha establecido una escala que fluctúa entre 1 – 5; con un valor óptimo de 3,5. En la medida que dicho indicador comienza a decrecer y se acerca a valores de 1, significa que estamos en presencia de árboles debilitados, probablemente en serios problemas en términos de desarrollo y recuperación de su crecimiento. En el otro extremo, en la medida el índice comienza a incrementar hasta llegar a 5, se traduce en árboles muy vigorosos, con consecuencias en baja fertilidad, inadecuada distribución de nutrientes en los distintos órganos, baja luminosidad (exceso de sombra) y probablemente existe una asociación a problemas fitosanitarios como algunos hongos de madera y bacterias (Cuadro 4).

El índice de vigor dice relación con la calidad de la madera frutal y la capacidad de renovación del árbol, dado que en la medida tenemos una madera frutal con vigor suficiente, significa que tendremos fruta con calibre óptimo; de lo contrario, árboles con material de fructificación débil, se traduce en fruta con calibre deficitario y que llega a cosecha con serias dificultades para lograr parámetros adecuados; incluso, evaluaciones recientes nos indican que también estaría asociado a un comportamiento en postcosecha deficiente. 

La idea es que el índice de vigor se evalúe en varios momentos durante la temporada, por ejemplo: fruto cuajado – caída de chaqueta, pinta – precosecha, incluso en poda, se puede volver a verificar para el siguiente ciclo; dado que nos permite observar el vigor de la madera frutal y la calidad del material de renovación. 

Las evaluaciones durante el ciclo de crecimiento de la fruta permiten reaccionar con ciertas modificaciones en el programa nutricional, en situaciones donde el vigor del árbol se está viendo afectado por la gran demanda de nutrientes de la fruta (como sucedió en algunos cuarteles la temporada previa) o en el otro extremo en presencia de cargas bajas el incremento del vigor del árbol. 

En caso de que no resultara posible la totalidad de las correcciones en el ciclo de precosecha, apoyará las decisiones nutricionales del programa de postcosecha verano que se implementará inmediatamente concluida la cosecha y luego del establecimiento del balance nutricional. 

La idea de este indicador es ser el nexo entre lo planificado y la expresión que vemos en los árboles, permitiendo el ajuste fino durante la temporada, de modo de no terminar el ciclo con huertos debilitados o muy vigorosos, sin haber tenido ninguna señal.

En la búsqueda de poder generar esta información con mayor precisión y con menos desempeño humano, es que se ha venido trabajando en las últimas temporadas mediante el uso de imágenes (principalmente mediante el uso de drones), tanto ortofotos (RGB), imágenes térmicas espectrales como es el uso de indicadores como NDVI (Normalized Difference Vegetation Index), para la interpretación de la biomasa (mal llamado vigor) de forma permanente e incluso reconocer la evolución en la temporada. Estos trabajos se están llevando a cabo con buenos resultados preliminares para poder llegar a un manejo más concreto a corto plazo.

El trabajo que se realiza en forma permanente todas las temporadas en terreno junto al equipo técnico de los huertos (trabajo en equipo), es permitir un adecuado establecimiento del requerimiento de Nitrógeno para el ciclo productivo. Dado que en función de la combinación de índice de vigor, portainjerto y estimación de rendimientos se confecciona el aporte de unidades de Nitrógeno por hectárea. 

A modo de ejemplo, para una combinación de Lapins/Colt, con un índice de vigor de 3,5; con un factor de extracción efectiva de 3,5 unidades N/ton fruta producida y una estimación de rendimientos de 15 ton/ha, significa que tiene un requerimiento de 53 unidades de N/ha.

La forma en cómo estas unidades podrían ser aportadas es principalmente vía Nitrato de Calcio, con la idea de iniciar el ciclo de fertilización al suelo en torno preflor / botón blanco en forma parcializada (comenzar a cargar el sistema). 

Lo anterior, podría sufrir algunos cambios en función de la necesidad de riego o la disponibilidad de agua para riego en forma temprana. Lo que podría ajustar el número de parcialidades que se emplearían en el programa de fertilización. En suelos muy pesados, no resultan aconsejables los riegos de fertilización (“riegos técnicos”) y, en este caso, se debe transar y ajustar a un menor número de parcialidades el programa nutricional (el árbol es una integración de todos los factores productivos, pues en caso contrario, ese aporte de nutrientes será absolutamente ineficiente). En los huertos de la zona sur, dada la menor demanda hídrica en muchos casos hay que optar por un riego corto de fertilización, pues de lo contrario no sería posible fertilizar casi hasta el mes de diciembre.

Otro elemento que resulta relevante es el aporte de Potasio (K). En términos de requerimiento considerar extracciones en torno a 7,5 – 12 unidades K/ton fruta producida, lo cual varía en función de portainjertos, exigencias varietales, balance del elemento en la suma de bases, cambios importantes en la estimación de rendimientos avanzado el ciclo de crecimiento, entre otras consideraciones.

Bajo este concepto de programa integral, el aporte de Calcio ha adoptado cada vez más relevancia, tomando como base que es un elemento fundamental para una fruta suficientemente equilibrada. Desde la perspectiva de los aportes, el primero de ellos podría venir del Nitrato de Calcio (15,5% N + 18,9% Ca), que se implementa temprano en la temporada, incluso previo a flor en zonas donde la temperatura de suelo y los riegos lo permitan; posteriormente se da paso al uso de Calcio floable, existen innumerables opciones en el mercado, la mayoría con concentraciones comparables en términos de aporte de Calcio en función del comparativo peso/peso. A similares concentraciones de Ca p/p (por ejemplo, 25% Ca = 35% CaO), seleccionar las mejores opciones en términos de solubilidad y de costo (US$/kg). Respecto del aporte de unidades de Ca, vía Calcio floable, la idea es considerar valores en torno a 25 unidades Ca/ha. Sin embargo, las formulaciones con mayor concentración de “carriers” como ácidos carboxílicos, extractos vegetales e incluso aminoácidos, pueden hacer de un Ca floable de menos concentración, una mayor eficiencia en su uso con buenos resultados.

Con la idea de Calcio como un elemento de consumo de “lujo”, se complementa su incorporación con el programa foliar, que se inicia en flor y se prolonga hasta un poco antes de cosecha, con la finalidad de que la fruta siempre se desarrolle con un buen abastecimiento de Calcio (bajo la consigna de “más es más”).  Además, no perdiendo de vista que es importante mantener una frecuencia de aplicación regular y de esta forma se aborda en la planificación del calendario de aplicaciones a nivel de huerto (trabajo del equipo de huerto en pos del cumplimiento de lo planificado). 

Pues es muy relevante implementar a nivel de huerto lo que se estructuró como plan de fertilización, tratando de ajustar los tiempos óptimos de incorporación, si queremos lograr una respuesta positiva. Bien cabe destacar las palabras de un productor “el secreto está en implementar realmente lo que se planificó y que no se quede únicamente en el papel”.

En la actualidad, un programa nutricional con un completo aporte de nutrientes vía suelo y foliar podría representar entre un 25 – 30% del costo del programa fitosanitario, de ahí la relevancia de una correcta selección de las fuentes qué se emplearán. En el caso de las líneas foliares es muy relevante seleccionar aquellas que nos permitan realizar mezclas con absoluta seguridad.

Bajo el concepto de programa de fertilización, no debemos perder de vista que todo lo que hemos mencionado previamente, también se acompaña de la mayoría de los elementos foliares, tales como: Potasio, Magnesio, Fósforo, Boro, Zinc, Aminoácidos, Bioestimulantes, Multiminerales y Bioelicitores, según sean los requerimientos de cada condición de huerto.

La implementación de los manejos más adecuados a cada huerto, pasan por un gran trabajo en equipo; tanto el staff interno, como de los profesionales que dan soporte técnico a los proyectos frutícolas, pues hoy más que nunca se requiere de una mirada integral del árbol para cumplir con las exigencias productivas.  

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