Proveedores

Investigaciones han comprobado que la aplicación de auxinas de manera temprana en cerezos está relacionada con mayor retención de fruta

02/09/2020

Por: Carlos J. Tapia T. Ingeniero Agrónomo M. Sc. Especialista en producción de cerezos. Director Técnico Avium.

Auxinas, citoquininas y giberelinas son las fitohormonas más importantes que funcionan como reguladoras de crecimiento en cerezos. Cuando se opta por utilizar estos reguladores, debe ser prioritario asegurar el equilibrio de las plantas en términos de manejos técnico/culturales para mantener un adecuado nivel de reservas, un óptimo desarrollo vegetativo, regulación de carga acorde al potencial del huerto y mantener un perfecto manejo hídrico de acuerdo con las demandas del cultivo según cada estado fenológico.

Finalizada la cosecha de cerezos, es prioritario enfocarse en la recuperación nutricional de la planta, su extracción de nutrientes es una tarea fundamental para lograr maximizar su potencial productivo.  Dado que la fisiología de formación de frutos en cerezo dulce y considerando la rapidez de sus avances fenológicos desde plena flor hasta cosecha, se sugiere tener la máxima atención para ser exitosos.

“El desarrollo del fruto del cerezo es muy rápido, incluso encontramos variedades de ciclo más corto con 45 días desde plena flor a cosecha (DDPF). Este recorrido se conoce como la “carrera perfecta”, donde cada descuido puede disminuir su máximo potencial. Ya en la temporada, los programas nutricionales, tanto foliares como de suelo, son una base para poder maximizar el desarrollo del fruto y follaje y así lograr su máximo potencial. Estos programas deben ajustarse a las características específicas de cada combinación variedad/portainjerto, ya que en la práctica se reconocen claras diferencias en demanda de distintos nutrientes y de algunas necesidades especiales” señaló Carlos Tapia, director Avium.

Como aspecto complementario a los programas nutricionales, se requiere de la utilización de reguladores de crecimiento (Plant Grow Regulator; PGR) que son parte de acciones específicas para potenciar la formación de frutos en las distintas fases de su desarrollo. Donde su utilización debe ir de la mano con un apropiado equilibrio del huerto en diferentes ámbitos (reservas, regulación de carga y manejo hídrico).

El trabajo constante de los reguladores de crecimiento como auxinas, citoquininas y giberelinas, se manejan durante tres diferentes etapas fenológicas de la planta, que son la división celular, endurecimiento de carozo y elongación celular.

Auxinas.

La etapa uno de la formación del cerezo, va desde la floración hasta el endurecimiento del carozo y corresponde a la división celular. Es el momento en que se generan las células que constituyen el fruto y su división es fundamental.

Durante esta época la utilización de auxinas tiene acción directa con el activo crecimiento de tejidos de órganos reproductivos y vegetativos, y la síntesis en las plantas está a cargo de los meristemas juveniles tanto de brotes, flores y frutos. Sin embargo, su acción es secundaria y nunca más importante que las citoquininas y giberelinas.

Variadas investigaciones han determinado que además de lo mencionado anteriormente, la acción de las auxinas ha estado relacionada con la retención de fruta una vez fecundada las flores por el antagonismo con el ácido abscísico (ABA), que es la fitohormona de la senescencia.

“Un tipo de auxina de síntesis como el 2,4 DP ha demostrado que, en aplicaciones tempranas en cerezos, en estado de botón blanco, puede influir positivamente en la retención de fruta cuajada y en el proceso de desarrollo, disminuyendo al final del proceso la caída de frutos y asegurando la producción. Se debe aclarar que las auxinas no tienen efecto directo potenciando la cuaja, sino que trabajan como inhibidoras de la abscisión de frutos ya formados y no como un potenciadores de la fecundación y posterior cuaja” agregó Tapia.

Citoquininas.

Las fitohormonas que más ligadas están al proceso de división celular son las citoquininas, las que dependiendo de la variedad, podría extenderse hasta unos 25-30 días después de plena flor (DDPF).  Aunque hay antecedentes científicos de que podría comenzar ya a partir de ramillete expuesto previo al estado de botón blanco.

En el tiempo se han utilizado distintas fuentes de citoquininas naturales mediante aplicaciones foliares desde plena flor, especialmente utilizando zeatinas, beatinas, entre otras, con efectos positivos en el aumento de tamaño de frutos en la etapa I de división celular y que serían inductores de las propias citoquininas generadas por las plantas. Antecedentes dados a conocer la anterior temporada sobre la utilización de Tiodiazurón en concentración de 10 ppm aplicado entre 5-7 DDPF mostraron claros resultados en aumentar el peso y diámetro de frutos y una mejora en la proporción de fruta en calibres mayores a 28 mm. (Súper Jumbo) comparado a un testigo. A su vez, mostró resultados favorables en materia seca de frutos, durofel, y sin efectos negativos en color de cubrimiento, solidos solubles y condición de fruta en poscosecha. De todas formas, este tipo de citoquininas de síntesis no debieran reemplazar las aplicaciones de citoquininas naturales ya que serían un complemento como precursores de la acción de las propia síntesis de las plantas. Es importante recordar que el periodo de división celular es el más importante en la formación del fruto y será en esta etapa donde se forma una base fuerte de materia seca, concentración de sólidos solubles que serán muy importante al momento de evaluar condición y calidad de fruto.

Giberelinas.

Durante la elongación celular, la fitohormona que está más relacionada con los manejos generales en esta etapa de la producción de cerezas es la giberelina. Su modo de acción se basa principalmente potenciando el proceso de elongación celular en frutos ya formados, específicamente desde inicio de la etapa III de desarrollo del fruto, reconocido en la práctica desde el cambio de color de verde a amarillo, conocido comúnmente como color “pajizo”. Se debe tener en cuenta que el gran aporte endógeno de giberelinas lo tiene la propia semilla del fruto.

“Se reconoce que la aplicación de ácido giberélico (AG3) tiene un efecto positivo y directo al aumento en tamaño de los frutos cuando se le incorpora foliarmente en la etapa de elongación de células. Las dosis, en base a una concentración conocida (ppm) dependerán, en su parte del cultivar en cuanto a su susceptibilidad al cracking, a la complejidad de tener una adecuado color de cubrimiento y al estado de carga, ya que está muy estudiado que las aplicaciones de AG3 y su efecto al tamaño de fruto podría jugar en contra a las partiduras de fruto (mayor calibre, más partidura) no solo por efectos de la lluvia, a un desordenado desarrollo de color y a la capacidad genética de cada cultivar a aportar buen tamaño de fruto de forma natural” agregó el experto.

Las aplicaciones de AG3, además, genera efectos positivos sobre la disminución de defectos epidermales en la fruta como son pitting, machucones y rugosidad. Sin embargo, en recientes estudios chilenos se ha demostrado que altas concentraciones de ácido giberélico podrían actuar desfavorablemente sobre la estabilidad del tejido del pedicelo, respondiendo con deshidratación anticipada, lo que es un importante defecto de calidad en destino.

error: